Nací para amar
y sin embargo en esta vida,
jamás sinceramente
amor me han ofrecido,
solo dulces besos
que llegan con sabor a olvido,
que llegan con sabor a pena
que visten de martirios.
Y es por eso mi Dios
TE RUEGO FERVIENTEMENTE
arranca de mi el dolor
trayéndome la muerte,
¿acaso no basta mi dolor
para limpiar su vano engaño,
si como tú nos diste amor
yo el mío se lo he entregado?...
¡Déjalo en paz mi Dios!
que basta con mi dolor
para agrandar el mar con mi llanto...
Por lo que a mi respecta,
yo sigo brillando
al igual que una estrella,
en que todos admiran
y muchos veneran,
pero en las frías y desoladas noches...
No hay quien la quiera. |