HOMENAJE A LA CUECA URBANA de LUIS TÉLLEZ V. |
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Hacia fines de los años sesenta, nace este conjunto llamado LOS CENTRINOS, conjunto que formó don Luis Téllez Viera, un amante del folclor chileno y sus raíces, y un genuino cultor de la cueca urbana centrina, la que lo acompaño desde su juventud de la mano de su pandero. Nació en Santiago de Chile, un once de Marzo de 1924, hijo de don Luis Téllez Araneda, y doña Adelaida Viera Robles, fue un pequeño industrial en el cuero y la marroquinería, Casado con doña Maria Magdalena Mellado, siendo padre de tres hijos: Teresa, Luis, y Patricia.
De muy joven, sintió ese llamado entusiasta del folclor de su país, Abocándose netamente al cultivo de la cueca centrina urbana. Por esos años, la cueca urbana se refugiaba en los salones de cantos, casas de remolienda, como una huida a los preceptos idiosincrásicos más rancios de nuestro sociedad, que ofendía la expresión cultural mas autóctona, llegada en forma pura y virgen del ramaje andaluz, hacia las urbes sud americanas, pero como suele suceder en estos países, el pueblo es separado tajantemente de los salones aristocráticos, y solían tener una cultura despatriada, generalmente llegada de Europa, pero no como herencia cultural, sino como la forma de implantar una moda que los hiciera lucirse y enaltecer mas aun su condición socio económica, ignorando, los propios valores de la cultura musical chilena.
Don Luis Téllez frecuentó ambas partes del pueblo chileno, básicamente en Santiago, empapándose de la interpretación más genuina de la cueca centrina, y emprendiendo una ardua lucha, para ser llevada a los grandes salones de nuestra cuidad.
Fué integrado por cuatro exponentes fabulosos de la cueca centrina. Conoce don Luis Téllez a dos integrantes del grupo Los Chileneros, y en un encuentro de fiesta, a los sones de hermosas cuecas, los llama a formar el conjunto… Ellos fueron: don Luis Araneda, conocido en el ambiente folclórico como “el Baucha”, propietario de una hermosa voz, sentimental, melodiosa, con un melisma que pasaba a ser un instrumento más dentro de la cueca, y magistral ejecutor del pandero, y a don Raúl Lizama, también conocido en el ambiente folclórico como “el Perico Chilenero”, dotado de un oído musical privilegiado, exponente de la cueca centrina con una voz potente y melodiosa, además de ejecutar en forma magistral varios instrumentos musicales, tales como el piano, arpa, guitarra, acordeón, pandero y tantos otros que su genialidad auditiva le hacia explorar y ejecutar en forma armónica.
Llama también a integrar al grupo, a su hijo Luis, un profesional universitario de insigne currículum, que une además una entusiasmada pasión por el folclor chileno, sobre todo en la cueca centrina en su área de interpretación e investigación, y une también su voz a ellos, una voz potente, alcanzando altos tonos, y la interpretación de la guitarra. Don Luis Téllez Viera, era un magnifico ejecutor del pandero, usaba uno de tres corridas de platillos que mandaba a confeccionar especialmente para él, dotado de una gran voz hecha para la cueca, especial para tonos altos, unía una gran sapiencia y conocimientos de letras, perteneció al Sindicato de Folcloristas de Chile, también fue compositor de cuecas muy conocidas como: “El beso de Judas”… “No hay como el Roto Chileno”…Homenaje a la ñata Elvira”…”La Justicia”.
También don Luis Téllez, fue integrante del conjunto Los Chinganeros en los inicios de este conjunto, que estaba formado por Carlos Navarro, Raquel Torres, Rafael Andrade, y Don Fernando González Marabolí, fundador de este maravilloso conjunto. Además de ser un gran compositor de cuecas, con una diversidad de melodías y letras, fue un catedrático en el área de la investigación de nuestra danza nacional, conocimientos que unió con un equipo de musicólogos del Instituto de Música de la Pontificia Universidad Católica de Chile, trabajo que fue publicado. Entrega además documentación con aportes culturales y de conocimientos sobre la cueca al conjunto Los Centrinos, con motivo de la grabación de un LP.
Un 29 de Noviembre de 1992, tras una penosa y delicada enfermedad, falleció, apagando para siempre su voz, su grito de cantor, y su pandero. Junto a su esposa e hijos, y rodeado de toda su familia y sus seres queridos que siempre estuvieron junto a él, fue acompañado a su ultima morada, ahora canta con su pandero junto a otros grandes cuequeros que adelantaron su partida, (es un hecho pienso yo), mi padre era así, por donde caminaba iba buscando e indagando si habían cuequeros, y estoy segura, que ya formó su conjunto mas allá de esta vida.